Me mudo!

Ahora estoy aquiiii!

martes, febrero 21, 2006

Te atreves?

Idea para un cuento...

Me da miedo pensar que te acabo de encontrar y es la última vez que te voy a ver. Por eso no puedo quitar la vista de tí.

¿Te atreves a escribirlo por mí?

martes, enero 24, 2006

Nadie habla del olor a tea quemada

Ayer un curita tenía frío. Y claro, viviendo en Canarias, se supone que no hay frío. Para calentarse encendió una estufa eléctrica y hubo un cortocircuito, un incendio con ánimo de destruir todo lo que pillara por delante. Se llevó por delante en cinco horas un edificio barroco, joya de la ciudad universitaria.
Por la noche llovió, como hacía tiempo que no llovía en la isla, toda la noche, apagando la tea de pino canario del edificio. La tea. Bonita madera. Años después de haber sido cortada sigue olendio a bosque y sigue soltando resina, ya lo demostró ayer, no termina de sacar resina ni en cuatro siglos.
Todos los telediarios hablan de la gran pérdida, pero nadie dice nada del olor a tea. Olor a bosque quemado y lluvia reciente. Se sentía en toda la ciudad, llenando el aire por encima del humo de los coches.
Nadie habla de eso, a mi me hubiera encantado no haberlo olido nunca.

miércoles, diciembre 28, 2005

Imzel es demasiado técnica

El otro día encontré un panfletillo que anunciaba un curso de Relato Corto. Y con la experiencia de "Letra Hispánica" en Salamanca, decidí ir a preguntar. Otra cosa no, pero tengo un ego literario que tira pa'tras, cualquiera que me conozca, lo sabe. Pero me da igual, soy feliz con mi ego, me ha costado mucho tenerlo. Además, mi ego es delicioso, consigue que crea en lo que escribo, que lo soporte y que comprenda que en realidad me queda muchisimo por aprender. Después de llamar tres veces y que pasaran de mi, fui a la academia y me mostré como soy. Hablé con la profesora de lo que buscaba y me informé sobre los cursos que tienen en marcha. En último momento, le pedí acudir a una de sus clases, y me dijo que sí, que no le gustaba, pero que a mi me dejaría. Pero me mandó tarea para casa, tenía que escribir un relato sobre un órgano, una descripción. Y la hice, la tiene ahí, un par de post atrás, "piel contra piel", un texto pequeño que me costó plantear porque no podía concebir un cuento sólo sobre un órgano. Al día siguiente, en la clase, pude comprobar los métodos didácticos de la profesora. Aparte de un par de fallos puntuales, se notaba que el método funcionaba, el nivel global de los textos de los alumnos (único factor realmente importante) era bastante bueno. Aunque ella no me gustó, nada de nada. Le dejé mi cuento y me fui.
Al par de días me encontré con la profesora de paseo por La Laguna. Me dijo que me pasara por la academia. Y lo hice. Me encantó su comentario sobre mi texto. Poco menos me dijo que no valía de nada, ni el cuento ni yo. Que era mejor que abandonara lo que de verdad me gusta... O eso, o que me metiera en su curso, que era la única manera para lograr mejorar mi capacidad de escritura. Me dijo que soy demasiado técnica, muy fría, que no lograba transmitir el calor que en realidad tiene la escena que intento narrar. Adoro a los prepotentes que creen que por ver una pequeña muestra de tu trabajo son capaces de interpretar toda una vida, te da ganas de confiar en la especie humana (que rabia que no se note la ironía en el texto escrito).
Lo cierto es que me ha afectado más de lo que querría que me afectara, porque si no lo habría olvidado. Quizás es bueno que me alla afectado así, eso significa que puedo aprender de ello.
Pero... ¿es escribir un ejercicio conciente? o quizás la capacidad literaria se adquiere a través de la práctica y de la lectura. Corríganme si me equivoco, pero ¿cuando escribimos utilizamos los conocimientos adquiridos de forma intuitiva? ¿Servirán de algo las clases teóricas de escritura? o ¿quizás lo unico que funciona es leer hasta aburrirse?

jueves, diciembre 22, 2005

¿Dónde estás?

Al otro lado de la pantalla

jueves, diciembre 15, 2005

Piel contra piel

Otro cuentito más.

Piel de gallina. Todos los poros de su brazo reaccionando al unísono frente al aliento en su cuello. Frío. Dedos fríos sobre sus labios. Sus pezones erectos culminando unas tetas firmes y tersas dejándose tocar por unas manos ya no tan frías. Piel contra piel, contacto profunde del yo contra el otro. Con la punta de los dedos acariciando fragmentos de pieles prohibidas. Su glande. Pies enredándose. Besos de esquimal, nariz contra nariz entre sonrisas. El dorso de la mano recorriendo su mejilla, su palman entre las piernas velludas, sintiendo el calor de su amante. Su yo piel comunicándose con otro yo piel lleno de secretos que descubrir. Mimos. Mimándose hasta el placer sublime de la piel.

viernes, diciembre 02, 2005

Me cago en Unelco, en Adán Martín y en Delta

Y en el calentamiento global, en Endesa (además, por utilizar a los Beatles como cancioncita publicitaria), en el racionamiento de energía, en los locutores fatalistas, en los especuladores de la luz, en las vitrocerámicas, en los termos eléctricos, en el "90%" de luz el jueves (para luego volver al 10% el viernes por la mañana), en los falsos techos de guajarvard, en la oscuridad, en los niñatos del bate, en la policia secreta, en la indiferencia del estado, en las infraestructuras "provicionales" que duran 25 años. Creo que ya he dicho oscuridad, no?, vale, lo reitero. Terminé.
Estamos bien, se rompieron dos chimeneas y el edificio se movió de una forma bastante preocupante, pero no fue nada.
Jejeje, y ahora que por fin hay luz, me voy de puente a Las Palmas, hasta la semana que viene!

Actualización: Bravo por el Circo Chino, que después de ver como la carpa volaba debido al temporal, ya han estrenado el espectáculo.

En una encuesta realizada sobre el temporal, un 50% de la población ha dicho que esto es culpa del cambio climático y que la responsabilidad debería asumirla el gobierno canario. Pero una de las respuestas a la encuesta fue: "Esto es un castigo de Dios por todo lo que se está haciendo con los homosexuales y la educación". Hay gente pa' tó.

jueves, noviembre 24, 2005

Sigo en el Jardín

Debería cambiar las sábanas

Venga, un cuentito...

Ayer no estaba, noté su ausencia en la esencia de su almohada al darme la vuelta intentando conciliar un sueño que se resistía. Dormir sin ella. Dormir sin ella es un delirio, noche en blanco y día maldito. Me lo dijo mil veces y yo sigo sin comprenderlo. Al final, se cansó y se largó dejando un vacío enorme en su lado de la cama. Olvidó las promesas: "Para siempre" cada vez dura menos tiempo. Se dejó el cepillo de dientes, lo ví al levantarme, quise tirarlo, pero me arrepentí, lo dejé en su cajón vacío. El pájaro estuvo chillando toda la mañana y las plantas parecían preocupantemente secas cuando salí de casa. Eran sus plantas y su pájaro. Mientras comía, el teléfono no dejaba de sonar y yo no dejé de mirar mi reflejo en el televisor apagado. Debajo del cojín encontré su mechero plateado, lo metí en su antiguo cajón, junto a mi maquinilla de afeitar. Antes de irme a trabajar, metí la jaula del pájaro muerto dentro de una enorme bolsa de basura, junto a los restos de las plantas. Me la encontré de camino, nos saludamos como viejos amigos y nos prometimos un café. Más palabras vacías. En el trabajo alguien pronunció su nombre y no pensé en ella. Al llenar la lavadora encontré su pañuelo verde, lo tiré a la basura sin mirarlo. Me metí en la cama jugeteando con las mantas y sentí su ausencia entre las sábanas. Lloré por última vez ese día.

miércoles, octubre 26, 2005

Ella y él

Ella: Ricardo, estoy borracha (y solo estamos a martes). Acabo de darme de bruces con tu foto y te he echado de menos.
Él: Yo también estoy borracho, tras haber cantado en un karaoke dos veces Bailar Pegados. ¿Bailas?
Ella: ¿Contigo? Toda la vida si hace falta
Él: Quizás toda una vida sea demasiado poco para ambos.
Ella: De repente mi cama se ha vuelto demasiado grande. Por cierto, he decidido que te seré fiel, no soportaría compartirte con otras.
Él: Lo cierto es que yo tampoco soportaría compartirte, pero lo aceptaría si lo deseases. Mi mayor miedo es defraudarte en la cama, creo que no estaré a la altura
Ella: Soy una maravillosa maestra... y siempre preferiré un post sublime a un intermedio salvaje
Él: ¿Y a un virgen?
Ella: Son más maleables, aprenden sin las corrupciones de los malos polvos
Él: Puede que los malos sean importantes para apreciar los buenos, pero me fío de mi maestra. Soy un 90% puro según el test de perversión, ¿me ayudas a llegar al 0%?
Ella: Aún estoy en 40%, te llevaré hasta donde puedas seguirme.

sábado, octubre 22, 2005

Mil sin actualizar...

... Y se me pasó el cumpleaños.

El Jardín ya tiene un año, habrá que empezar a podar para el invierno.
Por fin me he puesto las pilas, he logrado matricularme a la primera, la burocracia esta vez no pudo conmigo!
¿Se acuerdan de hoy me comí un dulce y la promesa de lanzarme la próxima vez que lo viera? Quizás no fue una buena idea. Me lancé, por supuesto, el primer día de clase. Estaba leyendo sentada en uno de los bancos y lo ví, como siempre, despistado y solo. Le sonreí y pasó de mi. Quizás debería habero dejado ahí, habría sido lo mejor. Pero me acordé de todo lo que me habían dicho, que si me tenía que lanzar, que si no perdía nada intentándolo. La proxima vez pasaré.
Lo peor del asunto es que es mucho más interesante de lo que me podría haber llegado a imaginar. Incluso me trató de usted trateme de usted, soy mucho mejor que vos, cuando me avalancé sobre él y le expliqué mi cuento. Por supuesto, se acordaba de aquella mañana de verano con dulce incluido, pero no se dio cuenta de mi sutil flirteo nota: flirtear más... o mejor. Cinco horas y 10km después nos separamos y juro que me gustó lo que vi. Pero no me ha gustado nada lo que ha venido después, ni lo que he olido después.

viernes, julio 29, 2005

Pin Up

Máscaras, lencería negra, plumas, guantes de encaje, cuero, cuerdas, maquillaje, látex, esposas... y una cámara digital.

lunes, julio 25, 2005

domingo, julio 24, 2005

Catálogo de colores

Estoy estancada, tengo algo grande entre manos, más grande de lo que estoy acostumbrada. Y ahora que he vuelto a coger la costumbre de escribir, no quiero perder la mano, me ha costado mucho volver a tenerla, demasiados años en el estancamiento creativo. Así que hago cosas como esta, no son nada del otro mundo, lo sé, pero es mejor esto que nada...

Llevábamos algún tiempo intentando cambiar el color de las paredes, pero no habíamos logrado ponernos de acuerdo con la pintura. Él había intentado convencerme de un insulso melocotón mientras yo tiraba hacia cualquier cosa que no entrara dentro de la definición “pastel”, ya casi estaba convencida por el PANTONE 2602 cv cuando me dijo lo que no esperaba oír.
–No quiero paredes de colores.
Ahora por fin teníamos nuestro propio espacio para compartir, con paredes para pintar y espacio que decorar, y va y resulta que a él no le gustan las paredes de colores, quería paredes blancas, como mi padre. Y entonces me di cuenta, esa barba, esa tripita cervecera, esas gafas… El complejo de Electra estaba en mí, me había enamorado de mi padre, pero me habían dicho que esas cosas no pasaban, que eran mitos.
Solté el catálogo de colores sobre la mesita negra que habíamos comprado juntos, cogí mis cosas y me fui.

martes, julio 19, 2005

Hoy me comí un dulce

Una bomba calórica, merengue sobre una base de brazo de gitano y una capa de chocolate, toda una maravilla de la ingeniería pastelera. De camino a casa, mientras disfrutaba de mis últimos momentos con mi dulce, encontré la cara familiar del día. Es un chico bastante guapo que conozco de la universidad, lo veía casi todos los días y me resulta lo suficientemente atractivo para quedarme con su cara, ojos verdes, barba y pelo lo suficientemente largo para que pase mis requisitos. Desde hace un par de días, lo encuentro por todas partes, en la guagua, por la calle, en la cafetería... y siempre nos quedamos mirándonos. Hoy me pilló comiéndome mi dulce, con cara de felicidad. La primera vez, él bajaba por la calle trasversal, desapareció en la esquina antes de que yo cruzara, luego otra vez, mientras él esperaba en el paso de peatones, yo pasé por detrás de él, nos miramos y yo sonreí con mi sonrisa cabrona, de "uy, que verguenza".
Ayer estuve con una amiga tomándonos un par de cervezas, ella una caña, yo una miller... con cacahuetes. Como siempre que nos juntamos, terminamos hablando de tíos, aunque somos polos opuestos, ella modosita y observadora, yo deslocada y poco atenta. Le conté una experiencia bonita que tuve una vez, donde fui yo la que dio el primer paso al hablar de lo que sentíamos. "Cada vez me sorprendes más" me dijo ella, le resultaba extraño que fuera tan lanzada.
Quien sabe, cualquier día de estos, me lanzo con este chico, le dijo: "sí, me conoces, me ves cada día en Guajara, pero, no, nunca hemos hablado", solo a ver que dice.

El intento de suicidio de Iris

A principios de primavera solíamos quedarnos en el aula, huyendo del sofocante calor que inundaba todo el patio. Hablábamos de las tonterías típicas que suponíamos importantes mientras esperábamos que sonara el timbre para recluirnos de nuevo en otra tediosa hora de soporífera clase de latín.
–¿Dónde estaba? –olí que preguntaba la voz absolutamente nasal Héctor –. Te he estado buscando por todas partes.
La idea que alguien se dedicara a buscarme me parecía un poco absurda, porque creía haber dejado claro desde el primer día que yo era una persona sedentaria como la que más. Su cara denotaba una sinceridad terrible.
–¿Te acuerdas de Iris?
Como para no acordarme, su novia–exnovia–cuasinovia–acosadora a la que habíamos estado fastidiando un par de días atrás, cuando no sé muy bien por qué vino de visita a mi casa y me contó que la tal Iris, estudiante del colegio pijo por excelencia de la ciudad, se había tomado muy a mal eso de que él quisiera romper la relación. Aquella tarde lo había llamado un par de veces y más por el juego que por hacerle daño, en una de esas contesté yo y le dije, “mira, tía, Héctor está en mi casa, él te llamará más luego”.
–Ayer te estuvo buscando para matarte.
No pude aguantar la carcajada al imaginarme a una pijita con un cuchillo de carnicero preguntando por Sibisse por las calles del barrio cual gata en celo. Aunque tampoco pude aguantar cierto terror ante la posibilidad de que en cualquier momento me saliera una loca en una esquina con intención de pegarme una paliza.
–Te lo estás inventando –solté al final.
–¡Qué no!
Ya era la hora de volver a los libros, así que dejamos el tema para otro momento. Durante días, miré con cierto recelo cualquier uniforme azul que asomara por el horizonte.
A finales de primavera solíamos empezar a llevar ropa más provocativa y la perspectiva de los exámenes nos hacía quedarnos en el aula para repasar los exámenes próximos. Héctor ya sabía donde buscarme sin recorrerse los tres niveles de patio del instituto. Apareció a mitad del descanso, con una bolsa de grasas saturadas y aceites animales para sentarse a mi lado.
–¿Qué ha pasado con Iris?
–¡Ah! –dijo con la boca llena de palomitas–. Se intentó suicidar.
–Vaya… Hostia… Que putada… ¿Cuándo? –. La muerte siempre me ha dejado sin palabras decentes.
Se puso en posición cotilleo, ladeado hacia mí, gesticulando con las manos mientras hablaba. Había dejado la bolsa de snacks encima de la mesa y todo su contenido se esparramaba por mis apuntes dejando marcas de aceite sobre la tercera declinación del griego.
–Está en el San Juan de Dios. La semana pasada se metió una caja de paracetamol entera.
Mi carcajada sorprendió a Lucía que sentada delante nuestro intentaba concentrarse en sus apuntes, que inmediatamente se dio la vuelta para unirse al chisme.
–¿En serio?
–Que sí, tía. Dejó una carta de suicidio. Dice que tú eres la culpable. Su madre te quiere denunciar.
Durante un segundo reflexioné sobre lo que me acababa de decir. Ser la responsable de un intento de suicidio no era algo que me apeteciera mucho, por esa época aún era joven e intentaba ser respetable y buena.
La noche de San Juan nos solíamos reunir en torno a una hoguera para librarnos de los malos rollos de los exámenes y poder emborracharnos a gusto. Al día siguiente, con la primera resaca de mi vida, recibí una llamada telefónica.
–Hola, Sibisse –dijo una temblorosa voz femenina al otro lado de la linea–. Soy Iris.
–Sí, dime… ¿Qué quieres?
–Quiero pedirte perdón por lo de Héctor.
–Ah, vale –respondí aún un poco descolocada–. ¿Qué quieres que te diga? Joder, tía, me querías culpar de tu intento de suicidio. Anda, aprende un poco de la vida.
Sí, lo sé, aunque intentara ser buena, mi carácter maligno y diabólico ya estaba saliendo a la luz.
–Lo siento.
No dejé que dijera nada más, le colgué el teléfono antes de pensar que era una buena candidata para ser paciente de mi madre.
Ahora, años después, solemos sentarnos a la sobra de las palmeras para fumarnos nuestros porritos después de las clases universitarias y aún le pregunto a Héctor si la historia del intento de suicidio de Iris era real.

domingo, julio 17, 2005

Puente Galcerán


Puente Galcerán

Llevo una semana que lo único que hago es escribir encerrada en casa. Mi madre ha tenido un pequeño accidente y necesita que la ayude. Así que hoy, cuando ya se iba a dormir, salí a dar una vuelta. Santa Cruz de noche es una ciudad que no conozco. Me gusta la noche, quedarme horas en el silencio, leyendo o simplemente mirando por la ventana. Este es el puente Galcerán, iluminado con colorcitos que te deslumbran si cruzas el puente, aunque reconozco que desde donde estaba, se veía bonito.

sábado, julio 09, 2005

Barquitos de inspiración


barquitos de inspiración

Cada día intento estar dos horas delante del word avanzando en un relato que empecé hace dos semanas. Odio los diálogos y para conseguir que salgan más o menos naturales, tengo que corregir, pensar, trastear... mientras, hago barquitos de papel.

viernes, julio 08, 2005

Monologo

El miedo es una calle llena de confetis de colores. Él se destaca con esa extraña costumbre cuando sus pasos le conducen hacia mi barrio. Deja un reguero de color de camino a la parada de autobús o cerca de la puerta de mi trabajo cuando quiere recordarme que no es una mala pesadilla. Temo encontrarlo de frente al doblar una esquina, incluso no soy capaz de comprar el pan si noto su presencia. Un día empecé a soñar, acurrucada en un rincón del armario, imaginándome a un salvador que nunca llegaría y me sacaba de allí sin mentiras de un cariño que no me iba a dar, sino con una sinceridad que incluso notaría en su forma de andar. Pero siempre llega la hora en que salgo de la jungla de mi mente y me espera ese callejón mugriento al que da la puerta de mi casa. Miro al suelo antes de abrir el portón y las manchas de colores se han convertido en un escudo que me impide pisar el sucio suelo que algunos llaman calle Consuelo. Otras veces me quedo detrás de la puerta esperando algún ruido, hasta que alguno de los vecinos tiene que salir. Y salgo tranquila hablando de la rara lluvia de confetis que cae sobre el barrio últimamente. Y sonrío hipócrita cuando me comentan, que conste que no soy racista, lo tranquilo que está la zona desde que la policía expulsó a los moros del barrio. Y respondo mentirosa que estoy mucho mejor, gracias. Y ayudo servicial a la del tercero a bajar el carro del bebé. Y me despido asustada al llegar a la esquina que separan los caminos. Cada semana hago malabares con los horarios para conseguir llegar a casa antes de que oscurezca, cada mes espero que se canse de mí, cada día temo encontrarme una alfombra de colores y cada noche sueño con el duende que me saque del infierno. Entonces me despierto y me digo que nada es cierto y la realidad no existe. Y a la mañana siguiente una nube de confetis cubiertos de rocío me vuelve a decir que él es real. Y me aterro y miro por el cristal hasta que pasa algún desconocido al que poder seguir. El miedo olvida de mí el instante suficiente para pisarlo y desaparecer. Una vez lo quise por los detalles, lo dejé de querer por las cosas grandes. Dejé de saber quien era yo, convirtiéndome en su triste complemento robótico. Hace tiempo que mi madre se volvió al pueblo, ya no podía quedarse conmigo más tiempo. Poco a poco vuelvo a dormir, las pesadillas desaparecen, las noches en blanco se extinguen, pero siempre está el miedo en mí, esperándome en cualquier esquina con una mancha de colores.
A.
Viernes, 08 de julio de 2005

Pelícano del Niño Gusano

Una vez que puse mi mente hecha pedazos
en la máquina de exprimir naranjas
salió un líquido blanco que servía
como combustible para cualquier nave.

Pelícano con ruedas, come hierba donde quieras,
y estarás bien, estarás bien, estarás bien ...

¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!

Ahora que a tus viajes me arrastras del pelo,
pelícano con ruedas, come hierba donde quieras,
y estarás bien, estarás bien, estarás bien...

¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!
¡Y bajó el sol a decir que no!

Ahora que mi vida se ha convertido en cuento,
pelícano con ruedas, come hierba donde quieras,
y estarás bien, estarás bien, estarás bien...

Vale, no entiendo nada, pero es una canción tan bonita que me apeteció muchísimo meterla aqui.

miércoles, julio 06, 2005

Flipa!

A un lado, encima de los links, dice Flipa!, un enlace a una página de un artista inglés que me tiene loquita. Actualiza cada cierto tiempo, y ahora nos acaba de regalar esta pequeña joya. No me dirán que no es flipante.