El jardín está un poco asilvestrado, pero eso también tiene su encanto. Por fin, le he construido una cocinita y ahora hablaré de olores y sabores, placeres tan necesarios para la felicidad como una buena imagen o una sesión de buena música. La puerta está abierta, como sigue la de En El Jardín de la Duermevela. Pero ahora te puedo invitar a
comer.
¿Te apetece algo dulce?
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